KATHRINE SWITZER, LA MUJER QUE SE ENFRENTÓ A LA DESIGUALDAD EN EL MARATÓN DE BOSTON.

Fue la primera mujer en correr un maratón con dorsal, a pesar de todos los inconvenientes de su tiempo. En esa época ninguna mujer había corrido de manera oficial un maratón ya que muchos médicos o expertos de la salud consideraban que la distancia de 42,195 kilómetros podría ser “perjudicial para las mujeres”. Las mujeres siempre han lidiado con múltiples ocupaciones y compromisos. Madres, esposas, profesionales, trabajadoras, deportistas y un largo etc. Una de estas mujeres es Kathrine Switzer, una mujer que sin duda hizo historia.

 

Nacida el 5 de enero de 1947 en Bamberg, República Federal de Alemania (donde su padre, un mayor del Ejército de los Estados Unidos, estaba destinado), Kathrine Virginia Switzer se crió en Virginia, donde se estableció su familia cuando tenía dos años de edad. Estudió el George Marshall High School de Fairfax y se enroló en la Universidad de Syracuse. Aficionada a correr gracias a su padre, que la animó desde que era una niña, Kathy Switzer se enroló en el equipo de atletismo de su Universidad, donde entrenaba con los chicos. Su entrenador empezó a hablarle de la maratón y ella decidió que quería participar en una, pese a que en aquel entonces, las mujeres no participaban en ellas. Este hecho no detuvo a Switzer y empezó a entrenar duro, hasta que estuvo preparada. Se decidió por una de las maratones más famosas y con más solera del mundo, la de Boston. Era el año 1967.

 

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Una milla al día

“Empecé a correr cuando tenía 12 años porque quería ser del equipo de hockey sobre hierba. Mi papá me animó para que corriera una milla al día. Yo era una niña flaca e insegura, y cuando corrí esa milla, aunque nunca entré al equipo de hockey, me convertí en una persona muy empoderada. Conocí a este hombre que ayudaba a entrenar en la Universidad de Syracusa (Nueva York), en el equipo de cross-country masculino. Su nombre era Arnie Briggs. Le dije que yo quería correr el maratón de Boston. Y él me dijo sin titubear: “las mujeres no pueden correr el maratón de Boston”. Las mujeres mismas no entendían que ellas tenían la capacidad. Tenían los temores de todo lo anticuado de las señoritas: que se agrandaran las piernas, que les saliera un gran bigote, que el útero se cayera.. Discutimos. Y él dijo “Si puedes mostrarme en la práctica que puedes correr la distancia del maratón -26 millas y 385 yardas (algo más de 42 kilómetros)-, seré la primera persona en llevarte. Un día, de hecho, corrimos 31 millas (49 kilómetros) y cumpliendo su palabra me inscribió a la carrera. Me dijo: “No hay nada sobre género en el reglamento y no hay nada sobre género en el formulario”. Yo le dije: “bien, ok”. Pagué los US$2 y me inscribí con mis iniciales.”Los organizadores supusieron que era un hombre y me dieron el número 261″.

 

El gran día del maratón

A pesar de las indicaciones de su propio entrenador, quien consideraba a Kathrine demasiado frágil para intentarlo, Switzer se inscribió en la maratón bostoniana con el nombre K. V. Switzer, sus iniciales, hecho que no hizo despertar las sospechas de los organizadores. Ella siempre ha asegurado que no lo hizo con la intención de ocultarse, pues esta versión de su nombre era la que utilizaba para firmar artículos en el periódico de la Universidad. Sea como fuere, le concedieron el dorsal 261.

 

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“La mañana del maratón fue increíble. Estaba nevando con un terrible viento de frente. Yo llevaba puesta una bonita camiseta que quería exhibir, pero estaba tan frío que no fui capaz de quitarme mi pesado suéter de entrenamiento. Los oficiales nos acomodaron en la línea de salida, y todo el mundo se veía igual, con esos sacos calientes y anchos, así que nadie se dio cuenta que no era uno de los hombres. Le dije a Arnie: “Tenías razón, no hay problema”. Y él respondió: “Te dije que no habría problema”.

 

La carrera

Hay que decir que la participación de una mujer no era ilegal, sino más bien alegal. No estaba prohibido, pero tampoco permitido (en tanto la inscripción no decía nada del sexo del corredor), así que Kathrine Switzer se puso su sudadera y sus pantalones largos en aquella fría y húmeda mañana del 21 de abril de 1967 en Boston y salió a disputar la carrera, junto a su entrenador y a Tom Miller, su novio. Muchos corredores saludaron con simpatía la presencia de Kathy, a la que animaron de cara a su participación.

 

“Las primeras dos millas estuvieron fantásticas. Pero la prensa me vio desde afuera, y se volvieron locos: “¡Una chica en la carrera! ¡Tiene un número!”, gritaban. Y también nos tomaban fotos. Nosotros respondimos saludando con la mano, ya que era simplemente un instante mediático”.

 

Pero cuando llevaba algo más de tres kilómetros, la cosa se puso fea: entró en escena Jack Semple. Semple, nacido en Escocia y establecido en Estados Unidos desde la adolescencia, fue corredor de maratones y masajista de equipos como los Boston Bruins de hockey o los Celtics de baloncesto. En la maratón, Semple ejercía de codirector de la carrera. Este cascarrabias escocés tenía fama por su mal carácter y por sus denodados esfuerzos, cada año, de eliminar de la carrera todo atisbo de broma o de actuación que se saliera de la más rigurosa ortodoxia. En 1957, de hecho, casi lo denuncian por agredir a un corredor que salió a disputar la maratón con aletas, gafas y tubo de buzo. Cuando Jack Semple se percató de la presencia de Kathy Switzer, no dudó ni un momento en salir en persecución de la joven, preso de la ira, y gritarle: “¡Sal de mi puta carrera y devuélveme esos dorsales!”. Tom Miller consiguió empujar a Semple, tirarlo, y Kathy, que confesó estar “aterrorizada”, siguió corriendo. Un fotógrafo captó el incidente y las imágenes dieron la vuelta al mundo.

 

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“De repente, escuché detrás de mí el sonido de unos zapatos de cuero, claramente no eran zapatos para trotar. Y vi a este hombre de mirada furiosa. Fue aterrador. Me tomó por los hombros y me empujó hacia abajo, y trató de quitarme el número del pecho. “Sal de mi maldita carrera y entrégame esos números”, dijo. Y aunque me dio mucho miedo, mi novio lo tomó y sacó de fuera de la carrera. En algún punto sobre la milla 21, la rabia me dejó. Uno no puede correr largo si está enfadado. Le dije a mi entrenador: “Tengo que terminar esta carrera, así sea sobre mis manos y mis pies, porque si no la termino nadie creerá que las mujeres pueden hacer esto, que las mujeres deben estar aquí”. Cuando la terminé, sentí que tenía un plan de vida, una meta, un propósito para cumplir. Me sentí plena también porque corrí mi primera maratón bajo las circunstancias más difíciles, y después de eso nada más sería tan duro.

Finalmente, con la ayuda de otros corredores, su novio y amigos logró cruzar la meta en 4 horas y 20 minutos.

 

Lo que pasó después

Pero las consecuencias no fueron las mejores. La AAU (la Unión de Atletas Amateurs) decidió prohibir expresamente la participación de mujeres en carreras populares. A partir de ese momento, Kathy Switzer abanderó un movimiento para pedir que las mujeres pudieran participar en maratones. Les costó cinco años conseguirlo: en 1972, se abrió la participación femenina en maratones.

 

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Switzer, por supuesto, siguió compitiendo. En 1974 ganó la maratón de Nueva York y en 1975 logró su mejor tiempo en la maratón de, precisamente, Boston, con 2:51:37.

 

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EN LA ACTUALIDAD

 

Kathrine Switzer, en 2011 (WIKIPEDIA).

Kathrine Switzer, en 2011 (WIKIPEDIA).

Kathy Switzer, desde entonces, ha dedicado su vida a la maratón. Ha a corrido 39 maratones y sido corredora durante 53 años. Fue nombrada atleta de la década por la Runner’s World Magazine. Actualmente, es conferencista y motivadora. Da conferencias y charlas motivacionales contando su experiencia. Hace un año organizó una en Palma de Mallorca. Ha escrito libros y artículos relacionados con la práctica deportiva, ha escrito sus memorias y un libro destinado a ‘runners’ de más de 40 años y organiza carreras de larga distancia por todo el mundo, destinadas a mujeres, que llevan como nombre ‘261’, el dorsal que llevó aquel famoso día en Boston. Trabaja incansablemente para promover las oportunidades deportivas de las corredoras alrededor del mundo. Además, es una asidua a la maratón de Boston. Podéis visitar su página web. 

 

“Organizamos más de 400 carreras en 27 países, y usamos las estadísticas de esos eventos para hacer lobby ante el Comité Olímpico Internacional, hasta que logramos incluir a la competencia el maratón femenino, en 1984. Sabemos que si logramos empoderar a las mujeres podemos hacer cualquier cosa”.

 

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Sin duda,  Kathirine Switzer es una mujer de esas que hacen historia como muchas de vosotras que a pesar de las ocupaciones diarias sacáis tiempo y energía para compaginar la práctica deportiva con la profesional y familiar ¡Felicidades!

 

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Sobre Jock Semple os diré que años después de su encontronazo con Kathrine Switzer, ambos se encontraron y Semple se disculpó con ella. Además, una vez fue totalmente legal que las mujeres corrieran maratones, Semple se convirtió en uno de los más firmes defensores de las atletas femeninas. Falleció a causa de un cáncer en 1988, a los 85 años de edad.

 

Existe un reportaje de la BBC en el que Kathy Switzer cuenta lo que pasó aquel día, lo podéis encontrar en youtube.

 

No quiero acabar este artículo sin hablar de otra mujer, menos conocida pero igual de valiente y arrojada que Switzer, si no más: Bobbi Gibb. Esta bostoniana, fanática del atletismo, es en realidad la primera mujer que corrió la maratón de Boston. Lo hizo en 1966 (también en 1967 y 1968), pero sin inscribirse ni con dorsal. Está reconocida oficialmente como la primera mujer ganadora de la maratón de Boston. Para que os hagáis una idea, en 1967 llegó a la meta casi una hora antes que Kathy Switzer. Gibb se ocultaba entre los arbustos, cerca de la línea de salida, bajo una sudadera con capucha. Cuando sonaba el pistoletazo de salida y alrededor de la mitad de los participantes ya había salido, se juntaba con ellos para poder disputar la carrera. En la meta, ya sin capucha, fue captada por los medios de comunicación y, como Kathy Switzer, se hizo muy famosa. Jurista de profesión, no fue hasta 1996 cuando se le reconocieron sus triunfos, se le entregaron sus medallas, y se incluyó su nombre en el palmarés de la prueba. Con un perfil menos mediático que el de Kathy Swtizer, Bobbi Gibb ha recibido desde entonces numerosos homenajes.

 

 

Fuente: Soymaratoinana, 20 minutos y Perspirex infografía.

 

Autor: Metanoia Club Deportivo

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